Star Wars, “El despertar de los logaritmos”

¡¡Bendito Viernes!!, te dices a ti mismo al llegar a casa después de una semana de órdago. El plan que tienes para el fin de semana promete. De momento, la tarde de hoy la vas a dedicar a echarte una buena siestecita. Has tomado esta decisión, ya que estás solo y la intensidad del sonido no supera los 10 decibelios. La verdad es que así da gusto. El sofá te espera y lo único que queda por hacer es echar al gato.

Después de este ratito de descanso llega el momento de hacer planes para esta noche. Mantienes una conversación telefónica que no supera los 30 decibelios. Sin embargo la persona con la que hablas está en medio de un grupo de gente en el que hay conversaciones cruzadas y está soportando una intensidad sonora de 50 decibelios.

Has quedado en una hora, por lo tanto hay que darse una duchita y acicalarse. La noche promete, ya que hay prevista sesión de cine y después concierto. El plan tiene muy buena pinta. Mientras te preparas, qué mejor que coger el móvil, abrir Spotify y elegir una de tus listas preferidas. 80 decibelios directos a tus tímpanos; ahí es nada. Pero bueno, hay que poner el pabellón auditivo a tono.

Sales a la calle y el tráfico por la avenida es complicado al caer la noche, como siempre a esas horas. Y ya para colmo aparece de la nada la moto a toda pastilla, con sus 100 decibelios dándolo todo. Menos mal que la situación no dura mucho, ya que empieza a ser realmente molesta.

Estás superando con creces la medida de 55 decibelios que recomienda como máximo la Organización Mundial de la Salud. ¡Anda!, pero si eso ya lo habías superado antes con Spotify a pleno funcionamiento. Bueno, lo vamos a pasar por alto, ya que sarna con gusto no pica, como diría el otro.

No es que seas muy fan de Star Wars, pero bueno, habrá que adaptarse a la mayoría. Te hubiera apetecido mas echar unas risas con los ocho apellidos catalanes, pero, la verdad es que una vez que empieza la película impresiona ver cómo llena la pantalla el Halcón Milenario soltando por sus motores 140 decibelios. Pero ojo, no vayas a creértelo, porque como bien sabrás el sonido no se transmite en el espacio exterior. ¿Por lo tanto, que intensidad tenemos? ¿0 decibelios? Luego te lo cuento, no te preocupes.

Después de echar unas cañitas con tus amistades llega la traca final: concierto en la discoteca a 120 decibelios del ala. No, lo de 120 decibelios no es el nombre del grupo. Es la intensidad sonora que está llegando a tus oídos. Aquí es donde entran en juego los logaritmos, ya que sin ellos sería imposible establecer una escala que nos ayude a medir la intensidad del sonido.

Sí señor, los logaritmos, a parte de para otras muchas cosas en nuestra vida diaria, nos sirven para poder medir y establecer los diferentes niveles de intensidad de cualquier sonido. ¿Pero, existe el silencio absoluto? La respuesta es no, o por lo menos para los logaritmos, ya que al medir la intensidad del sonido utilizando una escala logarítmica es imposible partir de cero. La razón es muy simple; el logaritmo de cero no existe.

Menuda tarde-noche de Viernes que has echado. Ha llegado la hora de meterse en el sobre. Volvemos a los 10 decibelios. Benditos logaritmos.

No puede ser… Sábado, 8 de la mañana, el eficiente operario del Ayuntamiento está taladrando para hacer un agujero en medio de la calle, justo debajo de tu ventana. Otra vez la tubería que pasa por tu calle ha decidido romperse. Te acaban de despertar 110 decibelios en lo mejor del sueño. Y ya ni te cuento lo de tu vecino, con la aspiradora a 70 decibelios, dejando el suelo del piso como los chorros del oro.

No sé cómo se las apañan las matemáticas, pero siempre acaban fastidiándote de una forma u otra, ¿o no?

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