Publicaciones correspondientes al día 11 octubre 2018

El cartel Phoebus (y la obsolescencia programada)

por  Ariel Palazzesi | in Ecología/NeoTeo.com

¿Alguna vez te preguntaste por que tus lamparitas no duran más tiempo? Hace 100 años, una lampara incandescente podía resistir unas 2500 horas de uso, mientras que hoy, a pesar de los avances tecnológicos producidos en el último siglo, los humildes y condenados a la desaparición bombillos eléctricos difícilmente funcionan más de mil horas. Existe una teoría que afirma que esto se debe a la influencia del denominado “cartel Phoebus”, que influyó en la historia económica mundial implementando un proyecto de obsolescencia planificada a escala global.

Obsolescencia programada

Todos hemos oído hablar de la “obsolescencia programada”, ese mecanismo -para muchos perverso- que acorta intencionalmente la vida útil de algún producto para maximizar los beneficios económicos del fabricante. Cuando hace unos 100 años las instalaciones fabriles hicieron posible fabricar millones de productos iguales a un costo muy bajo, muchos comenzaron a pensar que dicha situación era, en lugar de una buena manera de que todos pudiésemos tener lo que necesitábamos sin complicaciones, una verdadera catástrofe.

Imagina que compras un producto cualquiera, como un par de calcetines o un horno de microondas, y este resulta ser lo suficientemente durable como para que nunca mas necesites comprar otro. Si bien esta situación sería sumamente provechosa para tí, sobre todo si gracias a la producción en masa dichos productos tuviesen un precio accesible, representaría un problema para el fabricante, que en lugar de venderte cientos de pares de calcetines a lo largo de tu vida, solo te vendería un puñado.


A mediados de los años veinte las lámparas duraban unas 2.500 horas.

Aunque suene disparatado, son muchas las empresas que acortan intencionalmente el “ciclo de vida” de sus productos. En algunos casos esto permite bajar costos sin perjudicar notablemente a sus consumidores. Por ejemplo, es posible que un ordenador pudiese construirse mucho más sólido y capaz de durar 50 o 60 años, pero no tiene sentido encarecer una máquina que de todos modos será obsoleta en solo 5 o 6 años. Esto explica -en parte- por que un viejo teclado de una IBM PC de 1981 pesa unos 3 kilogramos y sigue funcionando como el primer día, mientras que un teclado “chino” moderno con suerte resiste los avatares del uso intensivo durante un par de años. Pero hay otros que fabrican productos “deficientes” intencionalmente, solo para que tengas que reponerlos una y otra vez.

Cuando Thomas Alva Edison comenzó a comercializar sus bombillos, su idea era conseguir un modelo capaz de iluminar durante el mayor tiempo posible. Hace unos 130 años, en 1881, puso a la venta un modelo que duraba -en promedio- unas 1.500 horas. Cuarenta años más tarde, a mediados de los años veinte, existían lámparas capaces de alumbrar durante unas 2.500 horas. En ese punto, algunas empresas fabricantes de estos elementos se comenzaron a preocupar. Si la vida útil de las lamparas incandescentes seguía aumentando ¿qué haría la industria cuando todo el mundo tenga las que necesita?

Para ellos, un producto que no se estropease representaba una verdadera amenaza a su modelo de negocios. Así fue como las más influyentes empresas del sector, incluidas Osram, Philips, Tungsram, Associated Electrical Industries, Compagnie des Lampes, International General Electric y el GE Overseas Group firmaron en 1924 un acuerdo para limitar intencionalmente la duración de los bombillas, mediante una organización que se conocería como “el  cartel Phoebus

El cartel Phoebus


Antigua fábrica de OSRAM

Esta organización, que oficialmente era una empresa helvética llamada “Phoebus S.A. Compagnie Industrielle pour le Developpement de l’Eclairage“, se mantuvo activa bajo ese nombre por lo menos hasta 1939, aunque algunos sostienen que su influencia se extendió -bajo otros nombres- durante mucho más tiempo. El cartel Phoebus tenia como objetivo conseguir que nadie fabricase lamparas eléctricas incandescentes que durasen más de 1000 horas.

Aunque pueda parecer una locura, el cartel impuso duras multas a aquellos fabricantes cuyos productos durasen más que ese tiempo. Incluso había una “escala de castigos económicos” que aumentaban a medida que la duración de las lámparas lo hacia. En el mundo solo había un puñado de fabricantes de este producto, y los más importantes formaban parte del cartel, por lo que sus manejos dominaban completamente el mercado. Entre ellas intercambiaban patentes y, lo más grave, archivaban o saboteaban aquellos proyectos o productos que resultasen perjudiciales para sus propósitos, incluidos modelos de lámparas capaces de durar hasta 100 mil horas.


¿Alguna vez te preguntaste por qué tus lámpas no duraban más tiempo?

Es muy difícil encontrar hoy un documento que demuestre la existencia de un “plan” como este en funcionamiento. Pero también es llamativo el hecho que que a pesar de las tecnologías que se desarrollaron entre 1880 y la fecha no se haya podido mejorar sustancialmente la duración de la vida útil de las lamparas. Hoy día se encuentran en franca retirada, y su comercialización incluso está prohibida en algunos países (debido a su poco rendimiento), pero la existencia de algo como el cartel Phoebus debería hacernos reflexionar sobre la posibilidad de que algún cartel similar esté reproduciendo este tipo de control en otros ámbitos. Puede que sea solo paranoia, pero nunca está de mas tener una cuota de pensamiento crítico ¿No te parece?

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