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Aquí reuniremos las entradas relativas a un uso adecuado, útil y saludable de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs)

Windows 10 y Ubuntu 18. Guía de instalación en un mismo equipo

Juan Ranchal || MuyComputer

Windows 10 y Ubuntu 18 es una combinación excelente para aprovechar las ventajas del sistema operativo de referencia en Microsoft y la distribución GNU/Linux más popular del mercado propuesta por Canonical.

La reciente liberación de Ubuntu 18.04 LTS (versión importante por su soporte de largo término) y el inminente lanzamiento de la nueva versión mayor de Windows 10, conocida como Spring Creators Update y que puede llegar como Windows 10 April 2018 Update, nos permite actualizar una guía de instalación que hemos venido realizando con versiones anteriores de Windows y Ubuntu.

Windows 10 y Ubuntu 18 es una combinación ideal, pero no la única, y la guía sirve básicamente para instalar dos o más sistemas operativos, sean otros Windows, Linux o incluso macOS bajo hackintosh. En todos los casos y más allá de discusiones insustanciales sobre cuál es “el mejor sistema operativo” del mercado, el objetivo es aprovechar las ventajas de cada uno (que las tienen) y en este caso concreto, que un usuario típico de Windows pueda instalar y probar Linux. Algo que jamás ha sido tan sencillo como verás.

Windows 10 y Ubuntu 18: planteamiento inicial

Ubuntu 18.04 LTS (nombre en clave Bionic Beaver) puede instalarse como cualquier sistema operativo en un equipo compatible, de diversas maneras. Puede ejecutarse como “Live CD” o “Live USB” ejecutándose desde estos mismos dispositivos externos y sin necesidad de tocar para nada sistemas instalados como Windows. Es la opción preferente para empezar en el mundo Linux y para pruebas. Otra manera sin tener que modificar sistemas instalados es utilizando máquinas virtuales en equipos con Windows, OS X o Linux.

También puede instalarse en un equipo que ya tenga otros sistemas operativos. Es la opción ideal por rendimiento y utilidad aunque ya exige realizar una serie de cambios en el equipo. Es la opción que vamos a revisar en este práctico, instalando Ubuntu 18 en un portátil con Windows 10 actualizado a la última versión. El resultado será dos sistemas operativos en el mismo equipo (juntos pero no revueltos) a los que podremos acceder en segundos gracias al gestor de arranque que ofrece Ubuntu.

Equipo hardware

Sobre el papel, cualquier equipo con Windows 10 instalado o en el que instalemos una copia nueva del sistema de Microsoft, está capacitado para ejecutar Ubuntu 18 porque sus requisitos mínimos de hardware son muy similares. Eso sí, no podemos olvidar que Windows tiene un soporte hardware mucho más completo que Linux y los grandes fabricantes no suelen soportar Ubuntu de manera oficial y general salvo equipos específicos.

Por ello, puede suceder que algún componente secundario no te funcione correctamente. Afortunadamente, el hardware primario (placa, procesador y gráfica) van a funcionar en la inmensa mayoría de equipos porque Ubuntu cuenta hoy con un gran soporte para las arquitecturas principales y controladores, sean usando drivers libres o privativos.

Para que tengas una referencia, el equipo donde realizamos la prueba es un portátil MSI Leopard con procesador Core i7-7700HQ, 16 GB de RAM, una gráfica integrada Intel 630, una dedicada GeForce GTX 1050 y una SSD que reemplazó en su día al disco duro instalado originalmente. El equipo cumple sobradamente los requisitos hardware de ambos sistemas y está actualizado a Fall Creators Update.

Preparando particiones

Como va a suceder en la mayoría de equipos con Windows, nuestro portátil tiene ocupado el total de la capacidad de la SSD de 256 Gbytes con una partición, pero tiene espacio libre en ella para instalar Ubuntu 18.04 como vamos a ver. Si tu equipo cuenta con una partición adicional (como te hemos recomendado en otras guías) que puedas vaciar o tienes una segunda SSD (o disco duro) puedes utilizarla. Lo mismo si vas a realizar la instalación en un equipo de sobremesa. Si tienes varias SSD o discos duros instalados puedes dedicar uno de ellos para Linux.

No es obligatorio hacerlo y para este caso práctico no es posible, por lo que necesitamos liberar espacio para las particiones de Ubuntu de la siguiente manera:

  • Accedemos al administrador de discos de Windows 10 desde el Panel de control > Herramientas administrativas o empleando el comando “compmgmt.msc” desde la ventana ejecutar.

  • Como verás, tenemos una partición reservada para el sistema y el resto en una partición primaria “C” ocupada con la instalación de Windows 10 que es la que tendremos que reducir para lograr espacio. Para ello pulsamos con el botón derecho sobre ella y marcamos sobre “reducir volumen”.

  • La herramienta comprobará el espacio libre disponible en la partición “C” y mostrará el máximo en la que la podamos reducir la partición (en nuestro caso 88730 MB. Fijamos en 60000 MB el espacio a reducir y ese será el tamaño de la partición para Ubuntu. El tamaño es orientativo. Un usuario que trabaje a diario con Ubuntu necesitará más capacidad pero en nuestro caso, para pruebas, tenemos de sobra y realmente no podemos liberar más espacio. Como hemos dicho, en un equipo de producción necesitarás más espacio.

  • Veremos como rápidamente se habrá creado un espacio en disco adicional vacío. No toques nada más ni crees nuevas particiones. Ya se encargará el instalador de Ubuntu de crear las particiones necesarias en el espacio libre que hemos creado.

El administrador de discos de Windows 10 es suficiente para manejo básico de particiones, pero si necesitas algo más avanzado puedes acudir a software especializado. Entre los que más nos gusta destacamos el EaseUS Partition Master que tiene versión gratuita. Su manejo no es sencillo y hay que saber lo que se hace, pero funciona de forma automatizada y con él obtendremos control total de las particiones.

Descargando Ubuntu

Accedemos a la página web oficial que ha preparado Canonical y descargamos la versión que nos interese. En nuestro caso optamos por la imagen .ISO de Ubuntu para escritorio (“ubuntu-18.04-desktop-amd64.iso”). Ya te informamos que Canonical eliminó la edición de 32 bits, por lo que la edición de 64 bits es la referencia del lanzamiento. Puedes obtenerla en descarga directa o vía Torrent si los servidores están saturados.

También puedes optar por instalar las otras variantes de la familia Ubuntu:

En cualquier caso, el proceso de instalación es el mismo con cualquiera de las variantes para lo que nos interesa en este artículo.

Preparando medio de instalación

Una vez descargado Ubuntu 18.04 LTS podemos utilizar un medio óptico (DVD) o una unidad USB (pendrive o disco externo). Vamos a utilizar ésta última, mucho más rápida (USB 3.0) y versátil, además que el MSI donde vamos a instalarlo carece de unidad óptica.

Para ello utilizamos una herramienta que nunca falta en nuestra colección, Rufus, aunque puedes emplear tu aplicación favorita. Descargamos y ejecutamos Rufus. Tiene opción portable que no necesita instalación y funciona a la perfección.

Insertamos el medio USB que utilizaremos en la grabación y seleccionamos la imagen ISO recientemente descargada de Ubuntu. Como tipo de partición vamos a utilizar “GPT para UEFI” que es el que estamos utilizando en el portátil.

Gestionando BIOS / UEFI y orden de arranque

Ya hemos hablado de la problemática de UEFI (reemplazo de las BIOS) a la hora de instalar otros sistemas operativos más allá del Windows 10/8 pre-instalado. Desde Windows 8,  los fabricantes han implementado el firmware conocido como UEFI, una extensión del proyecto EFI de Intel (también usado en equipos Mac) escrito en lenguaje C. Un reemplazo (muy necesario e igulamente criticado) de unas BIOS de 25 años de antiguedad que proporciona mayor flexibilidad, potencia y facilidad de uso mediante una interfaz de usuario gráfica, pero que complica la instalación de otros sistemas.

Aprovechando las posibilidades de las UEFI, Microsoft activó (a partir de Windows 8) un “sistema de arranque seguro” denominado Secure Boot que obliga a firmar el firmware y el software protegiendo el proceso de arranque del sistema. Varias distribuciones GNU/Linux añadieron soporte para poder instalarse. De hecho, Ubuntu soporta UEFI hace algunas versiones a través del Secure Boot System oficial de Microsoft para Linux, publicado por la Fundación Linux.

Aún así, en este equipo, hemos tenido algunas complicaciones para ajustar la configuración de Secure Boot y UEFI. Si tienes problemas para manejar este tipo de instalaciones mezclando Windows con Linux o utilizando varios Windows como puede ser una instalación dual de Windows 7 y Windows 10, tendrás que utilizar MBR, prescindir de UEFI y sobre todo del Secure Boot.

Instalando Ubuntu 18.04 LTS

La instalación de un Linux como la última versión de Ubuntu ha avanzado de una manera extraordinaria, en un proceso -casi- completamente automatizado y rapidísimo. Antes de instalar debes asegurarte que la unidad desde donde vamos a instalar el sistema esté por delante de la que contiene el arranque del disco duro o SSD. Entramos en la BIOS/UEFI y seleccionamos la unidad USB como primer dispositivo de arranque.

En este equipo con SSD y desde un USB 3.0, la instalación se completa en apenas 5 minutos. Lo vemos en detalle:

  • Colocamos el pendrive que hemos preparado y reiniciamos el equipo. El menú de arranque de Ubuntu nos permite probar el sistema en modo “Live CD” para prueba o instalar en disco. Elegimos la segunda opción y continuamos:

  • Seleccionamos español como idioma de instalación.
  • No actives la descarga de actualizaciones ni la instalación de software de terceros. Lo haremos posteriormente desde el mismo sistema.
  • La siguiente pantalla sí es importante y refiere al tipo de instalación. Si controlas las particiones en Linux puedes crearlas a tu gusto utilizando la pestaña “Más opciones”, establecer tamaño, punto de montaje o instalación del cargador de arranque. Si no eres un experto no te compliques la vida porque no es obligatorio hacer nada de eso.
  • Como verás, el instalador reconoce una instalación de Windows 10 y te ofrece instalar Ubuntu junto a él. Esta es la opción que debes elegir sin tocar para nada las particiones.

  • En esa configuración, Ubuntu creará sus propias particiones en el espacio de la SSD (60 GB) que si recuerdas dejamos libre e instalará el sistema.
  • No hay que hacer nada más salvo indicar el nombre del usuario y contraseña de administrador que utilizaremos. La instalación, como decíamos, es rapidísima en una SSD.

Windows 10 y Ubuntu 18

Una vez completada la instalación de Ubuntu ya tendremos disponible el cargador de arranque, pero es probable que en este tipo de configuraciones UEFI, seleccione por defecto la instalación de Windows. No queremos eso por lo que tendremos que acudir de nuevo a la BIOS y modificar el orden de arranque.

La configuración dependerá de cada equipo y BIOS en particular, pero el objetivo es el mismo, seleccionar la instalación de Ubuntu como primera de arranque para cargar Grub. En el portátil MSI de prueba se realiza desde aquí:

Una vez gestionada la BIOS ya podemos reiniciar el equipo y encontrarnos con el gestor Grub que nos permite ese arranque dual que buscamos, Ubuntu o la copia previa de Windows 10 (desde Windows Boot Manager).

Finalmente, aquí tenemos el nuevo Ubuntu 18.04, ofrecido gratuitamente como software libre bajo licencia GPL. Una versión importante por el soporte de largo término que ofrece. No nos vamos a extender en sus características porque no es el objetivo de este artículo, pero si lo necesitas, puedes revisar un primer vistazo con las novedades que han publicado nuestros compañeros de MuyLinux.

Por lo demás, recomendar este tipo de instalaciones para usar varios sistemas en el mismo equipo. Sus posibilidades no se acaban con los sistemas utilizados y se pueden utilizar otros Linux, sistemas como Windows 7 e incluso un OS X bajo hackintosh. Sólo hay que tener espacio de almacenamiento libre, cuidar el orden de instalación, lidiar con UEFI y Secure Boot (o anularlos) y tener tiempo y ganas para todo el proceso.

Concluimos insistiendo que Windows 10 y Ubuntu 18 es una combinación excelente para disfrutar de la versión más avanzada del sistema operativo líder del escritorio y de la última versión de la distribución GNU/Linux más popular del mercado. No te dé miedo. La instalación es sencilla y si aún no estás seguro, emplea una máquina no productiva para las pruebas y a disfrutar de ambos.

Un par de consejos finales

  • Si se está utilizando un HDD en lugar de un SSD suele ser recomendable desfragmentar la partición en la que se va a instalar el segundo sistema operativo antes de empezar a cambiar su tamaño.
     
  • El principal problema que puede tener un sistema operativo basado en Linux es que no reconozca la tarjeta wifi, por lo que si esto sucede no suele haber ningún problema en usar un cable para conectarse directamente al router utilizando ethernet o en conectar el móvil mediante USB al ordenador y activar el modo modem USB desde la configuración de Android para funcionar con la tarifa de datos e investigar sobre las posibilidades de hacer funcionar el wifi. Siempre es recomendable investigar sobre el tema antes de instalar nada (si se va a querer disponer de conexión a internet, claro está).

+INFO:

¿Qué diferencia hay entre usar un PLC y un adaptador wifi?

AVISO:

En este artículo se pueden encontrar referencias a productos comerciales. Éstos aparecen únicamente a título demostrativo. En ningún caso el autor del Blog o la entidad del sitio (cifpn1.es) tienen relación alguna con las empresas que se relacionan.

La banda ancha basada en fibra o cable empieza a ser habitual en los hogares españoles. Según cifras de septiembre de 2015 de la CNMC (Comisión Nacional los Mercados y la Competencia), hay 2,6 millones de domicilios conectados a Internet mediante fibra óptica. Y con esta tecnología, las velocidades que llegan a nuestros domicilios pueden alcanzar los 300 Mbps de velocidad de bajada (Mega bits por segundo, o los comúnmente denominados “megas”), con velocidades de 100 Mbps como habituales para estas modalidades de conexión.

De todos modos, para aprovechar por completo esta velocidad, hay que disponer de una red doméstica capaz de manejar estas conexiones de banda ancha. Y de hecho, no siempre es fácil que los dispositivos conectados de nuestro hogar se beneficien de los 300 Mbps o de los 100 Mbps de la fibra o el cable usando la conectividad del router que proporciona la operadora.

Una de las alternativas que hay para mejorar la conexión en casa es la tecnología PLC (Power Line Communications), como el dLAN 1200+ WiFi ac de Devolo. A través de la instalación eléctrica del hogar la recepción de Internet es mayor.

La letra pequeña del WiFi

Las tecnologías de comunicaciones WiFi dependen de diferentes elementos para su correcto funcionamiento. La teoría habla de diferentes estándares de redes inalámbricas, como Wifi 802.11a/b/g/n o más recientemente 802.11ac. Y con cada estándar está asociada una velocidad máxima de transferencia de datos:

  • Para 802.11b, esta velocidad máxima era de únicamente 11 Mbps.
  • Para g se llegaba a 54 Mbps (108 Mbps en modo “turbo”) y posteriormente, con WiFi 802.11n se llegaba a 300 Mbps (600 Mbps con técnicas especiales).
  • La versión más reciente de WiFi es la de tipo “ac”, con hasta 1.733 Mbps.

Pero éstas son solo velocidades teóricas y máximas, que únicamente se consiguen si tanto el router como el dispositivo que conectemos a la red WiFi soportan la misma tecnología y si se cuenta con un número de antenas suficientes para manejar todo el ancho de banda que ofrece la tecnología MIMO (Multiple Input, Multiple Output). Básicamente, MIMO emplea varias antenas, cada una de ellas con una velocidad máxima de transferencia teórica. Con múltiples antenas, se suman las velocidades de cada una de ellas para conseguir velocidades agregadas mayores.


router WiFi Mimo Dir 895l

Del número de antenas de un router WiFi depende que obtengamos mayor o menor velocidad de transmisión. Cada antena, dependiendo de qué tipo de WiFi se trate, \"tiene\" una velocidad y la tecnología MIMO permite sumar las velocidades de cada antena para conseguir un ancho de banda total mayor.

Además, en las redes WiFi, la distancia entre el router y los dispositivos conectados, así como la disposición de las paredes, muebles, o techos influye en la velocidad efectiva que podemos disfrutar. Otra circunstancia que influye en la velocidad real que se puede conseguir a partir de una red WiFi es la abundancia de redes inalámbricas en nuestro entorno, sean de los vecinos o de oficinas, y que pueden provocar interferencias.


Velocidades Wifi.
[Clic sobre la imagen para ver en grande]

Con una simple app de un móvil (WiFi Network Analyzer, p.e.) para analizar los detalles de las redes WiFi se puede ver gráficamente cómo la distancia afecta a la calidad de la transmisión. A la izquierda, la conexión (en verde) a dos metros del router. A la derecha, la misma conexión a unos cinco metros, pero en la planta de abajo donde se comprueba que apenas sí llega señal.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es el que se refiere a las limitaciones inherentes a este tipo de comunicaciones inalámbricas: la velocidad que se publicita para los diferentes tipos de redes WiFi (a/b/g/n/ac) incluye no sólo los datos de Internet, sino también códigos de control, corrección de errores o información propia de los protocolos de comunicaciones empleados, que en total suponen hasta un 60% del total del ancho de banda.

Para 802.11n, por ejemplo, los 300 Mbps (teóricos), se quedan en unos 120 Mbps "útiles". Para 802.11ac, en sus modalidades de funcionamiento más frecuentes como son las de 866 Mbps o 1300 Mbps (teóricos), sí que podemos aprovechar de un modo adecuado una conexión de banda ancha, pero solo si estamos a corta distancia del router y si nuestros dispositivos son compatibles. La realidad del WiFi, salvo que estemos cerca del router y usando la tecnología más reciente 802.11ac, es que, aun teniendo contratada una conexión de banda ancha por fibra o cable, no siempre podremos aprovechar por completo todos sus “megas”.

Los repetidores WiFi

Para solventar las carencias de las redes inalámbricas se empezaron a comercializar los repetidores WiFi. En principio son una propuesta lógica y con sentido, pero se trata de una tecnología que no siempre resulta óptima. Funcionan “enganchándose” a la red WiFi que queremos amplificar, actuando de puente entre el router y los dispositivos ubicados en zonas alejadas del mismo.

Pero esta conexión presenta algunas carencias. La primera, que si el repetidor está muy alejado del router, la señal que se va a “amplificar” vendrá limitada por la calidad de la señal que le llegue. Es decir, los repetidores no pueden hacer milagros, y si les llega una señal WiFi degradada, amplificarán una señal WiFi degradada.

Por otro lado, si ya de por sí la señal WiFi necesita añadir códigos de control y redundancia, al incorporar un repetidor, se introduce otro elemento más que añade complejidad a los protocolos de transmisión, perjudicando parámetros como la latencia de la red. Es decir, cuando enviamos y recibimos datos a través de una red WiFi que pasa por un repetidor, el trasiego de datos entre el ordenador y el router se hace más lento.

Los cables de red, una solución no siempre realista

En la práctica, la forma más robusta y estable de aprovechar una conexión de banda ancha, especialmente cuando está alejada del router, es usando un cable de red Ethernet que vaya directamente desde el router de comunicaciones de nuestra red local hasta el dispositivo que queremos conectar. Los cables llevan la conexión de Internet sin verse tan perjudicados por la distancia como WiFi, pero no siempre es realista “tirar” cable por toda la casa. Y además hay dispositivos que no integran conector Ethernet, tales como móviles, tabletas o incluso portátiles convertibles y 2 en 1.

La tecnología PLC (Power Line Communications) es una solución de compromiso interesante que permite usar el cableado de la instalación eléctrica de la casa para llevar Internet a ubicaciones donde el WiFi no llegaría de un modo óptimo. En este caso, se necesita instalar un dispositivo PLC que “inyecte” la señal de Internet en la instalación eléctrica a través de un enchufe convencional, y otros dispositivos PLC que la “extraigan” en la habitación donde se quiera hacer llegar la señal de Internet.


Plc 500 Wifi Router Konzept Scenario Devices Xl

Un dispositivo PLC se conecta al router donde llega la conexión de banda ancha e \"inyecta\" la conexión de Internet en los cables de electricidad de la casa. El resto de dispositivos PLC se encargan de \"extraer\" esta conexión de Internet para llevarla a los dispositivos repartidos por otras estancias de la casa.

Los PLC se suelen vender en forma de “kits” de dos unidades. Una de ellas se enchufará a una toma de corriente cerca del router de banda ancha al que a su vez se conectará a través de un cable de red Ethernet para “inyectar” la señal de Internet en la red eléctrica. El otro dispositivo PLC se enchufará en otra toma de corriente cerca de los dispositivos donde se quiera hacer llegar la señal de Internet.

La forma de conectar los dispositivos al PLC dependerá del modelo que hayamos comprado. Los hay que sólo tienen una conexión Ethernet, por lo que tendremos que usar un cable de red que vaya del PLC a la tele, la consola, el ordenador o el dispositivo de que se trate. En otros casos, puede haber más de un conector de red, por lo que podremos tener varios dispositivos online a la vez. La opción más versátil es aquella en la que el PLC “remoto” integra tanto conexiones Ethernet como un punto de acceso WiFi, de modo que tengamos otra red inalámbrica a nuestra disposición.

Por supuesto, es posible instalar más de dos PLC en una casa, hasta 6 u 8 dependiendo de la calidad de la instalación eléctrica, lo único que se necesita es comprar los dispositivos adicionales por separado en vez de en forma de “kit”.

Las ventajas del PLC

Los dispositivos PLC son muy fáciles de instalar. Prácticamente se trata de enchufar y listo. En el caso de tener un PLC con punto de acceso WiFi integrado, la única complicación añadida será la de configurar los equipos a los que queramos dotar de conexión de Internet para que accedan a la red WiFi del PLC y no la del router. Los PLC, en última instancia, son una forma óptima de conectar equipos tales como consolas de videojuegos o televisores inteligentes, por ejemplo.

En hogares con muchos equipos conectados, PLC es una forma de “descargar” las redes WiFi existentes, de modo que no se vean saturadas por múltiples conexiones inalámbricas simultáneas. Además, en domicilios con varias plantas son más versátiles que los repetidores WiFi, que como veíamos antes presentan algunas debilidades. Especialmente a la hora de decidir dónde instalarlos. Si muy cerca del router, no aprovecharemos su potencial para extender el alcance de la red. Si muy lejos, la señal que amplificarán será de mala calidad y no tendremos un beneficio en cuanto a rendimiento.


Conexión básica de equipo PLC en una vivienda

En edificios con varias plantas la tecnología PLC es una solución robusta y versátil que elimina los problemas de alcance de la tecnología WiFi usando el cableado de la instalación eléctrica para transportar la señal de Internet.

En general, los PLC ofrecen conexiones estables y robustas con buenas métricas de rendimiento. Salvo que la instalación eléctrica sea muy antigua y tenga varios cientos de metros de tendido, las redes PLC se comportan mejor que las WiFi con la distancia, de modo que contamos con más margen de maniobra para llevar Internet a todos los puntos de la casa.

La seguridad es otro punto en el que no hay que preocuparse: una red PLC se puede proteger mediante contraseña, de modo que nadie pueda conectar otro PLC en un punto de la instalación eléctrica y acceda a Internet sin nuestro consentimiento.

Aspectos a tener en cuenta con los PLC

A pesar de que la tecnología PLC presenta numerosas ventajas para el despliegue de una red local, hay que tener en cuenta algunos aspectos antes de adoptarla en nuestro hogar. Por ejemplo, los PLC no se llevan bien con las regletas en las que hay interruptores y filtros para sobretensiones. La solución es sencilla, trata de usar los enchufes de pared siempre que sea posible. En principio "pierdes" un enchufe, pero algunos fabricantes como devolo tienen PLCs que duplican la toma eléctrica para evitar esa pérdida.


Dispositivo PLC de la marca Devolo

Por otro lado, cuando se usan electrodomésticos tales como hornos microondas, lavadoras, o maquinaria que use motores sin una electrónica de filtrado adecuada (taladros, por ejemplo), la red PLC puede verse perjudicada por los mismos en forma de bajada de velocidad o pérdida de la conexión. Un motor introduce interferencias severas, aunque en la práctica no debería ser un problema crítico.

Además, como veremos en el siguiente apartado, los dispositivos PLC, del mismo modo que sucede con la tecnología WiFi, también introducen códigos de control y corrección de errores que hacen que no toda la velocidad teórica de su tecnología se aproveche para la transmisión efectiva de datos. Aunque lo veremos en el siguiente apartado, existen diferentes generaciones de PLC, caracterizadas por su velocidad de transmisión. A saber: 14 Mbps, 85 Mbps, 200 Mbps, 500 Mbps, 600 Mbps y 1200 Mbps.

Para los equipos PLC de más velocidad, la instalación eléctrica es importante que esté en buen estado y sin elementos que introduzcan interferencias o pérdidas de calidad, como cables en mal estado, mal aislados o con una incorrecta puesta a tierra. Este último punto es de especial interés para los equipos PLC 1200 con tecnología MIMO (Multiple Input, Multiple Output).

Consejos de compra

A la hora de comprar un PLC hay que tener en cuenta algunos factores. En primer lugar, te encontrarás con varios tipos de PLC. Por ejemplo, PLC 200, PLC 500, PLC 600, o PLC 1200. El número que acompaña a PLC es la velocidad máxima de transmisión en Mbps (o “megas”) que se puede obtener con ese PLC concreto. A mayor velocidad, mejor.


Equipo Devolo. Publicidad Web

Existen distintos estándares para la tecnología PLC (también puedes encontrar como sinónimo el término HomePlug y HomePlug AV para designar este estándar) caracterizados por la máxima velocidad teórica que se puede alcanzar con cada uno de ellos. El máximo a día de hoy es PLC 1200.

Puedes pensar que para una conexión de banda ancha de fibra o cable de hasta 300 Mbps te bastaría con un PLC 500, pero en la práctica, y como sucedía con el WiFi, la velocidad efectiva máxima empleada para transmitir datos, será de un 40% del total aproximadamente.

Es decir, para un PLC 500, con una instalación eléctrica en buenas condiciones, la velocidad efectiva que aprovecharemos para enviar y recibir imágenes, vídeos, documentos o cualquier otro tipo de datos en Internet será de unos 200 Mbps. Por este motivo, las propuestas perfectas para aprovechar las conexiones de banda ancha de fibra o cable, son las de tipo PLC 1200, que se quedan en unos 480 Mbps teóricos como velocidad efectiva. Si no es vital tener toda la velocidad y te conformas con una fracción, puedes usar un PLC 200 o PLC 500 y gastar algo menos de dinero.

En cuanto a las modalidades para conectar tus dispositivos a Internet usando tecnología PLC, básicamente tienes tres opciones: PLC con una conexión Ethernet, PLC con varias conexiones Ethernet y PLC con conexiones Ethernet y WiFi. La más versátil y la que te da más flexibilidad es la que integra WiFi y Ethernet. Es más cara, pero a cambio soluciona de un plumazo prácticamente todas las necesidades de conectividad que pudieras tener.


La conexión Ethernet de lo
s dispositivos PLC puede ser de tipo Ethernet 10/100 o Ethernet 10/100/1000 (Gigabit Ethernet).
Lo suyo es que sea de tipo Gigabit Ethernet, especialmente en los dispositivos PLC 1200.

Llegados a este punto, recuerda dos cosas: la conexión Ethernet, que sea de tipo Gigabit 10/100/1000, y la WiFi, que sea 802.11ac a ser posible. Con la de tipo 802.11ac cuentas tanto con redes inalámbricas en las bandas de 2,4 GHz y 5 GHz, lo cual facilita la conexión de todo tipo de equipos de red y a la máxima velocidad posible.

Otro detalle importante es que el PLC tenga duplicada la toma eléctrica. De ese modo podremos conectar otros equipos en el enchufe sin perder una (a veces preciosa) toma de corriente.

También es conveniente que el fabricante ofrezca una aplicación de configuración para la red PLC fácil de usar. Como decíamos, una instalación PLC no suele dar problemas, pero con una aplicación de software visual e intuitiva podremos actualizar el firmware, administrar las contraseñas para la encriptación de las comunicaciones, gestionar el punto de acceso WiFi, o monitorizar las velocidades de las conexiones entre los diferentes PLC instalados.

Ejemplo: el Devolo dLAN 1200+ WiFi ac

De todas las soluciones de conectividad PLC del momento actual, una de las propuestas que conjugan todos los elementos deseables en un PLC es el dLAN 1200+ WiFi ac de Devolo. Integra toma de enchufe, WiFi ac y WiFi n, tecnología PLC 1200, así como dos tomas de red Ethernet de tipo Gigabit. También cuenta con una excelente aplicación de gestión para Windows, Linux y Mac, Devolo Cockpit, para configurar la red de dispositivos PLC y realizar tareas de mantenimiento de un modo intuitivo y visual.


DKit Dlan 1200 Wifi Ac Packshot Starter Kit Xl

Este kit de conectividad PLC 1200 + WiFi 802.11ac ofrece soluciones para prácticamente todas las necesidades de conectividad de los hogares con conexiones de banda ancha.

Por si fuera poco, a la funcionalidad como punto de acceso WiFi ac, se añade la de repetidor WiFi. Una opción muy inteligente de gran utilidad si, por ejemplo, queremos usar el dLan 1200+ WiFi ac en el salón para conectar la consola, la tele o un dispositivo multimedia como pueda ser un Apple TV mediante cable para "descargar" la conexión WiFi de dispositivos, y al mismo tiempo, el router de Internet está cerca del PLC de modo que resulte más interesante que haga de repetidor WiFi que de punto de acceso.

Un escenario típico de uso de un PLC. En el caso del Devolo dLan 1200+ ac también se podría usar como repetidor WiFi en el caso de que el router de banda ancha estuviese instalado suficientemente cerca del PLC como para que la señal WiFi llegase con buena calidad.

La aplicación Devolo Cockpit es una herramienta excelente para gestionar nuestros dispositivos PLC. Permite modificar sus parámetros de funcionamiento, o realizar tareas de mantenimiento como la actualización del firmware.

La aplicación Devolo Cockpit muestra de un modo gráfico las conexiones entre los dispositivos PLC y permite configurar sus opciones de funcionamiento o actualizar el firmware cuando haya nuevas versiones.

Con un kit de prueba del Devolo dLan 1200+ WiFi ac realizamos medidas de velocidad con una conexión de banda ancha de 120 Mbps de bajada y 12 Mbps de subida. Los resultados fueron satisfactorios en tanto en cuanto pudimos aprovechar prácticamente toda la velocidad del proveedor de Internet.


Devolo Dlan 1200 Wifi

Con un smartphone con WiFi ac, usando el punto de acceso del Devolo dLan 1200+ Wifi ac, conseguimos tasas de velocidad excelentes, con un ping (latencia) muy comedido.

En conjunto, es una propuesta muy coherente y con buenos argumentos para complementar la conectividad WiFi y Ethernet que tengamos en casa a partir del router que nos haya instalado el proveedor de servicios de Internet (o a partir del router que hayamos comprado nosotros).

Escenarios de uso

PLC es una tecnología que encaja perfectamente en escenarios de uso domésticos que de otro modo no serían fáciles de resolver. Por ejemplo, en un salón con un televisor smart y una consola de videojuegos, donde además nos conectemos con tabletas o smartphones, un PLC con WiFi y conexiones Ethernet es ideal. Las conexiones de cable permiten llevar Internet a la consola y la tele sin tener que preocuparse de configurar red inalámbrica alguna, y el punto de acceso WiFi ofrecerá una conexión óptima para las tabletas, móviles y ordenadores sin conexión Ethernet, por ejemplo.

Otro escenario de uso que ya mencionamos antes es el de casas con varias plantas. En este escenario, la conexión WiFi se verá debilitada por la distancia o la presencia de suelos y paredes. En este caso, los PLC con Ethertet y WiFi pueden ser unos “hub” perfecto para las diferentes plantas de la vivienda. Y se puede complementar con otros PLCs sin WiFi para equipos puntuales tales como el PC en la habitación de estudios o el despacho.

Para casas con varias plantas, la tecnología PLC es prácticamente imbatible como medio para llevar Internet a lugares alejados del router de banda ancha.

Otro posible escenario, para usuarios avanzados, y en el caso de que tengamos un router que no usemos, es el de adquirir un PLC sin WiFi y usar el router de modo que la conexión de Internet provenga del PLC a través de Ethernet, para llevarla al router (en modo "neutro") y a partir de ahí desplegar la red WiFi en el punto de la casa que queramos. Pero esta opción requiere de conocimientos técnicos por encima de la media, así como de espacio para instalar otro aparato más con sus cables correspondientes, lo cual no siempre es estético ni óptimo.

También se puede usar PLC como un sustituto del cable Ethernet aunque el router de banda ancha no esté muy alejado de los dispositivos que vayamos a conectar. En este caso, PLC servirá para "descongestionar" el espectro inalámbrico y conectar mediante cable Ethernet dispositivos tales como impresoras de red, consolas, smart TVs, dispositivos Android TV o Apple TV o equipos tales como cadenas de sonido o barras de sonido.


Dlan 1200 Wifi Ac Packshot Single Adapter Xl

Se pueden comprar adaptadores PLC individuales para extender la red si con el que viene con el kit no es suficiente para cubrir toda la casa.

El Devolo dLAN 1200+ WiFi ac tiene un precio de 189,90 euros para el kit de inicio, que incluye el adaptador y un dLAN 1200+. dLAN 1200+ WiFi ac también puede comprarse por separado para expandir una red existente. El precio recomendado del adaptador individual es de 129,90 euros.

+INFO:

Fallece el físico alemán que hizo posible el disco duro

Descubridor de la magnetorresistencia gigante, Peter Grünberg ganó el Nobel de Física en 2007

ABC Tecnología :: Rosalía Sánchez, corresponsal en Berlín


El físico alemán Peter Gruenberg en su laboratorio del Centro de Investigación de Juelich

El almacenaje de datos, que hoy tanto nos preocupa, fue posible gracias al descubrimiento de la magnetorresistencia gigante, por el que el alemán Peter Grünberg ganó el Nobel de Física en 2007 junto a su colega francés Albert Fel. Fue la primera gran aplicación práctica de la nanotecnología y el colofón a una carrera científica de fondo.

Grünberg nació en 1939 en Pilsen, actual República Checa. En 1946, tras la Segunda Guerra Mundial, su familia fue expulsada del país junto al resto de la minoría alemana y se trasladó a Lauterbach, una pequeña localidad en el estado federado de Hessen, donde sufrieron la precariedad y las carencias propias de la dura postguerra alemana. Su padre insistió en que él estudiase, a pesar de que en la familia eran necesarios más salarios para llegar a fin de mes, y terminó licenciado en Física por la Universidad Johann Wolfgang Goethe de Fráncfort en 1962. En 2004, tras 32 años dedicados al Centro de Investigaciones de Jülich, se retiró oficialmente, aunque prosiguió con su labor y mantuvo una oficina en ese centro hasta su fallecimiento.

Pionero en el desarrollo de la nanotecnología, su investigación en el campo de la condensación física de la materia dio su formidable fruto en 1988, recibiendo un primer premio de la Sociedad Americana de la Física. En 1994 inauguró la «espintrónica», la nueva disciplina tecnológica gracias a la que la portabilidad y la capacidad de los aparatos electrónicos comenzó a ser cada vez mayor. Con ella revolucionó las técnicas informáticas para la extracción y compactación de datos de los discos duros de ordenador y permitió en medicina importantes avances en diagnósticos y localización de células.

Su compañero de Nobel alabó siempre su «constancia y rigor científico» y agradeció a la investigación, más que el premio, el haberle obsequiado con la amistad de Grünberg, que hubiera preferido, sin embargo, haber aportado algún avance significativo «en el ámbito del ahorro energético o protección del medio ambiente, que serán problemas más acuciantes en los próximos siglo», predijo.

Amante del deporte y guitarrista en sus ratos libres, siempre guardó una escrupulosa discreción a pesar de sus participaciones en congresos internacionales y reconocimientos en eventos científicos. Ni siquiera el Nobel consiguió sacarle de su rutina de estudio y el mismo día que la Academia Sueca le concedió el premio acudió a trabajar como de costumbre y bridó con champán solamente porque un colega del departamento bajó a comprar una botella. «He recibido premios antes y la gente me decía que sólo me faltaba uno, el premio último, así que en cierto sentido estaba preparado para ello», explicó a un periódico local justificando que «ha sido sorpresa solo en parte». También dijo en ese momento que «el verdadero significado de este premio, lo que va a cambiar en nuestras vidas, solo se comprenderá con el tiempo». Y tenía razón.


Peter Gruenberg sostiene un disco duro tradicional de almacenamiento
magnético de datos en platos giratorios

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Aquí puedes comprobar si has sido uno de afectados por el robo de datos en Facebook

ABC Tecnología

 

La red social ha habilitado un enlace que te dice si tu información fue compartida por Cambridge Analytica

Han tenido que pasar más de tres semanas para que Facebook haya habilitado un enlace que informe de forma fiable a los usuarios de su red social si sus datos están comprometidos por la aplicación «This is your digital life», la aplicación que recopiló datos de 87 millones de personas en todo el mundo (137.000 solo en España) que luego Cambridge Analytica utilizó para influenciar en diferentes campañas políticas, como en las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2016. De forma paralela al mensaje que las personas afectadas recibirán en su «feed» de noticias, la compañía de Mark Zuckerberg ha habilitado una página de ayuda que informa si el usuario que pregunta está entre los danmificados, al igual que sus contactos.

Para acceder a ella, solo hay que pinchar en este enlace (si bien es complicado llegar por iniciativa propia). Se debe tener abierta la sesión de Facebook para que la aplicación pueda reconocer al usuario. Una vez seguidos estos pasos, un diálogo en inglés (aún no está traducido al español) informa sobre la situación.

«Recientemente, compartimos información sobre el posible uso indebido de sus datos de Facebook por aplicaciones y sitios web. También compartimos planes sobre cómo estamos tomando medidas para evitar que esto suceda en el futuro». En este texto aparecen enlaces hacia otras páginas que explican las medidas que está tomando Facebook desde que saltase el escándalo de Cambridge Analytica y un segundo diálogo donde se puedes comprobar si tu cuenta personal está involucrada en el robo de datos.

Independientemente del resultado, la página te recomienda que revises y actualices la información que compartes con otras aplicaciones y sitios web que se alojan en Facebook.

Un aviso para cada afectado

De forma independiente, la plataforma social ha anunciado que desde este lunes se irá informando a los 87 millones de usuarios que han sido afectados en todo el mundo. Así, éstos podrán ver un mensaje al principio de su «NewsFeed» de noticias, igual que Facebook les recuerda que es su cumpleaños o el tiempo que llevan en contacto con determinada persona, un mensaje con el siguiente texto: «Hemos prohibido el sitio web “This is your digital life” (la aplicación por la que se recabaron los millones de datos comprometidos), que uno de tus amigos de Facebook usó para iniciar sesión. Lo hicimos porque es posible que el sitio web haya utilizado indebidamente parte de su información al compartirla con una empresa Cambridge Analytica».

En esta misma misiva se afirma que «aún queda más trabajo por hacer», pero se reitera el «compromiso» de la red social para «hacer frente al abuso» y que cada usuario pueda gestionar qué información desea compartir. Desde Facebook han asegurado a ABC que el despliegue será progresivo, por lo que no llegará a todos los afectados hasta pasados unos días.

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¿Podremos crear máquinas verdaderamente inteligentes?

El llamado aprendizaje automático está conquistando la automatización de procesos, en muchos casos complejos, pero aislados

EL PAÍS | MARÍA PÉREZ ORTIZ | 1 ABR 2018 – 10:03 CEST
 

El robot Sophia, durante una feria de innovación en Katmandú (Nepal). NAVESH CHITRAKAR REUTERS

La inteligencia artificial, aún emitiendo sus primeros balbuceos, ya nos acompaña en muchas de nuestras actividades. Ha aprendido con nuestra ayuda a reconocer voces, huellas, o simplemente, patrones, allá donde los haya. Nos ofrece las nuevas e infinitas posibilidades que el universo computacional puede brindarnos: predicción meteorológica, sistemas que aprenden de nuestros gustos para hacernos recomendaciones, o traducción automática y en tiempo real entre idiomas.

El término inteligencia artificial se acuñó hace poco más de 60 años. Los albores de esta tecnología estaban plagados de optimismo: se pensó que si los ordenadores eran capaces de demostrar ciertos teoremas matemáticos o de jugar al ajedrez al nivel de los grandes maestros, ¿por qué no podrían resolver con facilidad tareas que consideramos automáticas, como reconocer caras u objetos? Las primeras predicciones apuntaban a que seríamos capaces de crear máquinas inteligentes a nuestro nivel en cuestión de unos pocos años. Evidentemente, estas predicciones se equivocaban. Después de millones invertidos, la inteligencia artificial cayó casi en el olvido durante un período de tiempo.

Hoy sabemos que las máquinas pueden aprender, pero ¿podemos crear máquinas verdaderamente inteligentes? Sí y no. El llamado aprendizaje automático está conquistando la automatización de procesos, en muchos casos complejos, pero aislados, es decir, podemos crear sistemas específicos para una determinada tarea acotada, por ejemplo, relacionada con el diagnóstico médico. Pero esto no es todo. La inteligencia artificial también está empezando a conquistar ciertas tareas de creación, llamadas generativas, por ejemplo, para crear arte, aprendiendo de poesía, pintura o música. Disponemos ya del hardware necesario para crear una máquina con las capacidades computacionales del cerebro humano. Sin embargo, no sabemos cómo hacer que aprenda. Nuestro escaso conocimiento de neurociencia es una barrera difícil de sortear, ya que la mayoría de técnicas en inteligencia artificial están basadas en lo que conocemos de nuestro cerebro y de sus mecanismos de aprendizaje.

Un ejemplo son las llamadas redes neuronales artificiales, que imitan la disposición y el entrenamiento de las redes neuronales presentes en nuestro cerebro. Se trata de unidades de procesamiento simples, conectadas y que aprenden de impulsos. En los inicios, estas redes eran relativamente simples, tomando unos datos de entrada y usando una capa de procesamiento para producir una salida. Sin embargo, el área conocida ahora como aprendizaje profundo estudia cómo entrenar redes con múltiples capas conectadas, proporcionando modelos más parecidos a nuestro cerebro. Otra de las áreas con gran potencial es el conocido aprendizaje por refuerzo, en el cual las máquinas aprenden del entorno mediante un sistema de recompensa a sus acciones, sin necesitar constante supervisión, algo más parecido al aprendizaje al que nos sometemos desde la infancia.

Hay expertos que relacionan la actual crisis con la velocidad a la que está cambiando el mercado de trabajo, como ocurrió en la revolución industrial. La automatización de las tareas inherentes a distintos puestos de trabajo dará lugar a una nueva era de trabajos más especializados en procesos de computación. Hemos de anticipar estos cambios y preparar a la sociedad para ellos. Se seguirán necesitando por supuesto expertos en todas las áreas de conocimiento, pero éstos precisarán también de un cierto dominio de estas nuevas tecnologías de automatización.

La inteligencia artificial no ha nacido para competir con nuestra inteligencia, sino para ayudarnos en nuestras tareas diarias, en su mayoría rutinarias, y, en consecuencia, mejorar nuestro nivel de vida. Sin duda mejorará nuestra inteligencia colectiva, dando paso a avances que ahora mismo consideramos ciencia ficción. Algunos de ellos pertenecen más al presente que al futuro: sistemas que aprenden de patrones cerebrales para ayudar a personas con movilidad reducida a utilizar brazos o piernas biónicas, reconocimiento de emociones en animales o detección de somnolencia en conductores analizando patrones de parpadeo, entre otros.

Se habla de que en un futuro no lejano el término humano y robot se fusionarán para dar lugar a ciborgs, humanos con acceso a un nuevo mundo virtual. Pero, ¿sabemos con seguridad hacia dónde nos dirigimos? La evolución de la inteligencia artificial dependerá solo de nosotros, sus creadores. Somos nosotros los encargados de asegurar que estos nuevos avances vayan realmente enfocados a mejorar la inteligencia colectiva de nuestra sociedad. En lo que atañe a la aplicación de la inteligencia artificial, están surgiendo distintas cuestiones relacionadas con ética o leyes, por ejemplo las que hacen referencia a la responsabilidad de los coches autónomos. Estas cuestiones son de gran importancia para la adecuada evolución de nuestra sociedad.

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