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El cartel Phoebus (y la obsolescencia programada)

por  Ariel Palazzesi | in Ecología/NeoTeo.com

¿Alguna vez te preguntaste por que tus lamparitas no duran más tiempo? Hace 100 años, una lampara incandescente podía resistir unas 2500 horas de uso, mientras que hoy, a pesar de los avances tecnológicos producidos en el último siglo, los humildes y condenados a la desaparición bombillos eléctricos difícilmente funcionan más de mil horas. Existe una teoría que afirma que esto se debe a la influencia del denominado “cartel Phoebus”, que influyó en la historia económica mundial implementando un proyecto de obsolescencia planificada a escala global.

Obsolescencia programada

Todos hemos oído hablar de la “obsolescencia programada”, ese mecanismo -para muchos perverso- que acorta intencionalmente la vida útil de algún producto para maximizar los beneficios económicos del fabricante. Cuando hace unos 100 años las instalaciones fabriles hicieron posible fabricar millones de productos iguales a un costo muy bajo, muchos comenzaron a pensar que dicha situación era, en lugar de una buena manera de que todos pudiésemos tener lo que necesitábamos sin complicaciones, una verdadera catástrofe.

Imagina que compras un producto cualquiera, como un par de calcetines o un horno de microondas, y este resulta ser lo suficientemente durable como para que nunca mas necesites comprar otro. Si bien esta situación sería sumamente provechosa para tí, sobre todo si gracias a la producción en masa dichos productos tuviesen un precio accesible, representaría un problema para el fabricante, que en lugar de venderte cientos de pares de calcetines a lo largo de tu vida, solo te vendería un puñado.


A mediados de los años veinte las lámparas duraban unas 2.500 horas.

Aunque suene disparatado, son muchas las empresas que acortan intencionalmente el “ciclo de vida” de sus productos. En algunos casos esto permite bajar costos sin perjudicar notablemente a sus consumidores. Por ejemplo, es posible que un ordenador pudiese construirse mucho más sólido y capaz de durar 50 o 60 años, pero no tiene sentido encarecer una máquina que de todos modos será obsoleta en solo 5 o 6 años. Esto explica -en parte- por que un viejo teclado de una IBM PC de 1981 pesa unos 3 kilogramos y sigue funcionando como el primer día, mientras que un teclado “chino” moderno con suerte resiste los avatares del uso intensivo durante un par de años. Pero hay otros que fabrican productos “deficientes” intencionalmente, solo para que tengas que reponerlos una y otra vez.

Cuando Thomas Alva Edison comenzó a comercializar sus bombillos, su idea era conseguir un modelo capaz de iluminar durante el mayor tiempo posible. Hace unos 130 años, en 1881, puso a la venta un modelo que duraba -en promedio- unas 1.500 horas. Cuarenta años más tarde, a mediados de los años veinte, existían lámparas capaces de alumbrar durante unas 2.500 horas. En ese punto, algunas empresas fabricantes de estos elementos se comenzaron a preocupar. Si la vida útil de las lamparas incandescentes seguía aumentando ¿qué haría la industria cuando todo el mundo tenga las que necesita?

Para ellos, un producto que no se estropease representaba una verdadera amenaza a su modelo de negocios. Así fue como las más influyentes empresas del sector, incluidas Osram, Philips, Tungsram, Associated Electrical Industries, Compagnie des Lampes, International General Electric y el GE Overseas Group firmaron en 1924 un acuerdo para limitar intencionalmente la duración de los bombillas, mediante una organización que se conocería como “el  cartel Phoebus

El cartel Phoebus


Antigua fábrica de OSRAM

Esta organización, que oficialmente era una empresa helvética llamada “Phoebus S.A. Compagnie Industrielle pour le Developpement de l’Eclairage“, se mantuvo activa bajo ese nombre por lo menos hasta 1939, aunque algunos sostienen que su influencia se extendió -bajo otros nombres- durante mucho más tiempo. El cartel Phoebus tenia como objetivo conseguir que nadie fabricase lamparas eléctricas incandescentes que durasen más de 1000 horas.

Aunque pueda parecer una locura, el cartel impuso duras multas a aquellos fabricantes cuyos productos durasen más que ese tiempo. Incluso había una “escala de castigos económicos” que aumentaban a medida que la duración de las lámparas lo hacia. En el mundo solo había un puñado de fabricantes de este producto, y los más importantes formaban parte del cartel, por lo que sus manejos dominaban completamente el mercado. Entre ellas intercambiaban patentes y, lo más grave, archivaban o saboteaban aquellos proyectos o productos que resultasen perjudiciales para sus propósitos, incluidos modelos de lámparas capaces de durar hasta 100 mil horas.


¿Alguna vez te preguntaste por qué tus lámpas no duraban más tiempo?

Es muy difícil encontrar hoy un documento que demuestre la existencia de un “plan” como este en funcionamiento. Pero también es llamativo el hecho que que a pesar de las tecnologías que se desarrollaron entre 1880 y la fecha no se haya podido mejorar sustancialmente la duración de la vida útil de las lamparas. Hoy día se encuentran en franca retirada, y su comercialización incluso está prohibida en algunos países (debido a su poco rendimiento), pero la existencia de algo como el cartel Phoebus debería hacernos reflexionar sobre la posibilidad de que algún cartel similar esté reproduciendo este tipo de control en otros ámbitos. Puede que sea solo paranoia, pero nunca está de mas tener una cuota de pensamiento crítico ¿No te parece?

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Sketchpad: El «abuelo» del AutoCAD (1963)

por  Lisandro Pardo | Software in NeoTeo

Nació como parte de una tesis, y revolucionó el diseño por ordenador

A principios del mes pasado compartimos una serie de imágenes que revelan cómo era el diseño en el mundo de la arquitectura y la ingeniería antes del AutoCAD. La dedicación de esos dibujantes no estaba en duda, pero con el avance de los sistemas informáticos, fue inevitable que el dibujo técnico y los ordenadores se crucen. La historia nos traslada 1963, año en el que Ivan Sutherland, «el padre de los gráficos por ordenador», presentó a Sketchpad, programa pionero en el uso de interfaces humano-ordenador, el primero con una interfaz gráfica completa, y uno de los casos más contundentes para la adopción del lápiz óptico.

Es probable que la mayoría de nuestros lectores recuerden al Spacewar!, uno de los videojuegos más importantes de la historia. El Spacewar! se ejecutaba en un PDP-1, el primer ordenador de DEC basado en dos desarrollos previos, el Lincoln TX-0 (al que mencionamos en nuestra entrada sobre el Tech Model Railroad Club), y el Lincoln TX-2, que en esencia fue un «downscale» del extremadamente ambicioso TX-1 que jamás se fabricó. Spacewar! y el PDP-1 demostraron el potencial de los gráficos y los ordenadores en materia de entretenimiento, sin embargo, a nivel productividad existió un desarrollo tan revolucionario como Spacewar!, o incluso más. Su nombre era Sketchpad, y podía hacer esto:

El TX-2 había sido especialmente diseñado para lograr avances en el campo de la interacción entre humanos y ordenadores, y el Sketchpad fue una de las «demos» más impresionantes. Creado por Ivan Sutherland, el Sketchpad exprimía al máximo todos los aspectos del ordenador, desde sus botones programables hasta su pantalla-osciloscopio, pasando por el lápiz óptico (inventado en los ’50), y un plotter como dispositivo de salida. En el vídeo es posible apreciar el extraordinario nivel de precisión que el usuario alcanza en Sketchpad al combinar botones físicos y el lápiz óptico, indicando posiciones verticales y horizontales en las líneas, creando arcos con facilidad, formando líneas punteadas para identificar vacíos, y cambiando las dimensiones de las piezas casi en tiempo real. Esa es la clave: Mientras que el resto de los programas funcionaban por lotes, Sketchpad era completamente interactivo.

Sketchpad no era demasiado complicado de aprender, pero gracias a su amplia lista de parámetros (verticales, horizontales, paralelas, tamaño idéntico, etc.), el usuario podía desarrollar proyectos muy avanzados a partir de un simple boceto. Ni siquiera era obligatorio ingresar las dimensiones correctas o crear líneas derechas: Un par de botones y un simple toque del lápiz corregían dinámicamente a la pieza en cuestión. ¿La mejor parte? Sketchpad podía ser extendido, y después de la presentación de Sutherland (quien fue reconocido con el Turing Award en 1988 y el Kyoto Prize en 2012), Timothy E. Johnson y Lawrence G. Roberts publicaron dos variantes en 3D, una wireframe y la otra para sólidos. ¿En qué se inspiró Sutherland para crear a Sketchpad? Nada menos que en el famoso Memex de Vannevar Bush, una de las piedras fundamentales del hipertexto.

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El ruido excesivo nos quita ocho meses de vida

El gerente de la Asociación Española para la Calidad Acústica, Felipe Merino, explica a ABC.es el daño que produce en nuestra salud este tipo de contaminación ambiental

Guillermo Llona || ABC.es > Sociedad


Felipe Merino, gerente de AECOR

 La Organización Mundial de la Salud (OMS) achaca a los factores ambientales la muerte de uno de cada cinco europeos. Después de la contaminación del aire, el exceso de ruido es la segunda de las causas más nocivas.

«Con el paso del tiempo, el no disfrutar de un buen descanso provoca estrés prolongado y fatiga. Además, al final surgen problemas de insomnio, taquicardia, e incluso la sangre se puede espesar, dificultándose su circulación por el cuerpo», asegura el responsable de Aecor. Merino recuerda también que «es muy peligroso no descansar bien si se trabaja con determinados productos o maquinaria».

El daño en la salud producido por este tipo de contaminación ambiental es muy diferente en el campo y en la ciudad. «Una persona que vive en la ciudad tiene más probabilidades de perder audición que una que vive en el campo. Las pérdidas no son excesivas, pero a largo plazo sí se ven diferencias entre los daños sufridos por los habitantes de la ciudad y los que viven en el campo», afirma Merino. El traslado de la ciudad al campo también puede acarrear algún problema a quien no está habituado al silencio. «Sí se necesita un tiempo de adaptación, es el caso de gente que vive cerca de aeropuertos. No se suelen ver casos extremos, pero sí es cierto que durante las primeras noches en el campo la persona habituada a dormir con ruido de fondo elevado puede sentirse extraña», explica el gerente de Aecor.

También existen diferencias según el poder adquisitivo de los habitantes de un área determinada. La población pobre está cinco veces más expuesta a la contaminación acústica que la población rica. «Principalmente se debe a que las zonas pobres están más masificadas, cuanto mayor es el número de habitantes, más ruido se genera; en una zona de chalets, al haber mayor tranquilidad, es menor el nivel de ruido», explica Felipe Merino.

Políticas municipales

Las políticas medioambientales en las grandes ciudades españolas promocionan el uso del transporte público y la bicicleta, pero desde algunas organizaciones ecologistas se critica que muchas de esas políticas contra la contaminación acústica están centradas en las discotecas y zonas de ocio nocturno, y descuidan otras partes de la ciudad y otras fuentes de ruido. Merino advierte, «se supone que la mayoría de quejas ciudadanas van contra el ruido que se produce en los centros de ocio, como las discotecas, pero esto no es cierto, los jóvenes que se divierten en la calle son la fuente del ruido. Una discoteca bien insonorizada no supone un problema para el vecino». En cualquier caso, las principales fuentes de ruido en las ciudades son el tráfico y las obras.

En los grandes núcleos urbanos se realizan estudios en las zonas con mayores niveles de contaminación acústica para detectar problemas de insomnio y estrés en su población, «y también se hacen audiometrías a trabajadores expuestos a altos niveles de ruido para medir la pérdida de audición», asegura Merino. Además, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente cuenta con el Sistema Básico de Información sobre la Contaminación Acústica (SICA).

En Madrid, buena parte de la población sufre niveles de ruido que superan con creces los límites fijados por la normativa nacional y europea. En la capital de España, si tomamos como referentes los valores límite de ruido que aconseja fijar la OMS y los registrados por las estaciones de medición, la Casa de Campo es la única zona de la ciudad donde los madrileños no tienen que soportar ruido excesivo a ninguna hora del día.

Una lucha europea

La Unión Europea obliga a sus miembros a fijar unos objetivos de calidad acústica. En España, los límites fijados para las zonas residenciales son de 65 dB (decibelios) durante el día y 55 dB durante la noche. Si el límite diurno coincide con el que pide la OMS, la cifra nocturna supera la recomendada por este organismo de Naciones Unidas, que aconseja fijar el límite entre los 45 y los 50 dB. En otros países de la UE los valores límite fijados por sus gobiernos son mucho más exigentes que en España. Así, en Italia, el límite de ruido diurno es de 55 dB, y el nocturno de 45 dB. En Alemania estos valores están fijados en los 59 dB durante el día y los 49 dB durante la noche.

Según un estudio de la OMS, España es el segundo país más ruidoso del mundo. Sólo los japoneses tienen que soportar a diario más ruido que los españoles. Los expertos en acústica recuerdan que los ruidos que superan los 70 dB provocan daños en la salud. Y la Agencia Europea de Medio Ambiente que el riesgo para la salud que supone la contaminación acústica es «muy superior a los del tabaquismo pasivo y la contaminación de aire por ozono y partículas, temas que reciben mayor atención por las administraciones».

Los «cazarruidos»

La iniciativa privada también ha puesto sobre la mesa el problema que para la salud y la calidad de vida de los ciudadanos supone la contaminación acústica. Así, Centros Auditivos Gaes y Seguros Médicos DKV pusieron en marcha una campaña de sensibilización para el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido. Un equipo de «cazarruidos» recorrió las calles de Madrid, Barcelona, La Coruña y Málaga poniendo simbólicas multas a quienes provocasen ruido por encima del límite de 65 dB, e informándoles de las consecuencias nocivas que para la salud tiene este exceso. Una forma divertida de denunciar este tipo de contaminación ambiental.

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